En la Casa

 

De vez en cuando, encuentras una película que te recuerda porque el cine está considerado como el séptimo arte. Una de las sensaciones que más placer me producen es, sin duda alguna, entrar en una sala de cine y salir cambiado de ella. Pocos artes como el verdadero cine tienen el poder de hacerte salir cambiado. Sabiendo que no eres el mismo que cuando entraste dos horas antes. Ese es el poder del cine, del buen cine.

Es de las pocas veces que entro a una sala de cine sin saber que me voy a encontrar. Suelo ser de los que se informan, ven trailers, sinopsis y demás parafernalia; especialmente para saber en que me gasto el dinero. En este caso, me alegro de que no haya sido así ya que he salido, posiblemente, más impactado de la película que de cualquier otra manera.

No voy a explicar el argumento, para eso está Google, pero si que me han llamado particularmente la atención muchos detalles.

La película está dotada de una fotografía que, sin ser una obra maestra, es muy buena. Han habido una serie de planos que me han gustado bastante y en eso se suele destacar el cine europeo. El uso del color, según si tratábamos con la realidad o con la ficción, la mezcla de ambos para confundir.

La música acompaña perfectamente al visionado. Melodías que acompañan de manera magistral la secuencia inicial de créditos y grandes melodías suaves, relajadas, inquietantes y tramos donde el ritmo es tan alto y fuerte que te hace aumentar los latidos del corazón. No es música que vayas a tatarear cuando salgas del visionado, pero tiene una serie de temas que van a acompañar mi selección musical en el mp3 sin lugar a dudas.

Los personajes. Dos protagonistas sobre los que gira la trama, un clásico, un maestro y un alumno. Alumno no tiene aparente interés en su vida. Profesor se da cuenta de ello e intenta sacarle jugo a sus posibles talentos ocultos. La escritura. Hasta aquí nada nuevo. Pero a los pocos minutos de estar viendo la película conectas con ellos. No son simplemente un maestro y un alumno, ambos comienzan a conocerse, rápidamente te metes en situación, captas la personalidad de ambos casi al instante y entre ellos conectan de manera sorprendente. El chico, uno de los protagonistas más interesantes con los que me he encontrado últimamente. He salido encantando con las múltiples facetas que muestra en el visionado y con el gran talento con el que muestra estas a través de la escritura, donde deja entrever a su verdadero ‘yo’ conforme va avanzando la película. Un grandísimo hijo de puta, si, pero un talento y una visión muy particular del mundo.

Si tuviera que ponerle un gran ‘pero’ a la película sería acerca de un mal que viene azotando al cine desde hace un tiempo. La maldita manía de mostrar en pantalla en lugar de insinuar. Prefiero que me insinúen  que yo crea algo, a que me lo muestren tal cuál, aunque yo sepa que me lo muestren o no es así. Prefiero la incertidumbre en determinados aspectos que los carteles luminosos. El público no es tonto, la magia del cine debe de ser insinuar a través de imágenes, no mostrar.

Por otro lado, preciosa la manera en la que se mezcla el mundo real con el mundo de ficción. La realidad y lo onírico. Un mundo de ficción en el que comenzamos a ver la frontera que separa ambos mundos, que pasa a insinuarse en la realidad como el que llama a la puerta, y finalmente como el que llama para quedarse y hacer que ambos mundos se entrecrucen haciendo que te preguntes que coño es la Verdad.

El profesor, un escritor frustrado. Un hombre sin hijos y el encuentro de un talento por explotar. Ambos se enseñan, se muestran sus caras, pero el chico llega más allá de lo que el nunca imaginaría… y es que dicen que la pluma puede llegar a ser mucho más afilada que la espada. Y como todo elemento afilado, tienes que tener una extrema precaución, es fácil cortarte. Pero el ser humano, el verdadero, siempre quiere ir más allá. Ver hasta donde puede llegar. A nadie nos gustan los finales vacíos y vistos. No, queremos algo más. Y cuando tensamos la cuerda hasta límites que no pensábamos cruzar, podemos caer directos al infierno.

La caída a los infiernos. Muchas películas basan gran parte de su trama en ello solo para volver a mostrarnos como el héroe vuelve a salir airoso. Si, ya hemos escuchado muchas veces esa historia desde la Antigüedad. Esta vez no ocurre eso, esta vez llegan para quedarse… y seguir viviendo.

Y, ¿quién puede saber lo que te depara cuando has caído a lo más bajo? Posiblemente ya no tengas miedo a nada.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: