La vida de Pi

“La razón por la que la muerte está tan próxima a la vida no es por una necesidad biológica sino por envidia. La vida es tan bella que la muerte está enamorada de ella, un amor posesivo y celoso que toma lo que puede”

La vida de Pi nos ofrece un bonito cuento donde el punto central sigue siendo el papel de un náufrago y su supervivencia  Esto nos podría recordar directamente al clásico Róbinson Crusoe, pero nada más lejos de la realidad. Es una película que trata de transmitirnos, en forma de fábula, un sencillo mensaje sobre nuestra espiritualidad a través de un hecho que le cambia la vida al protagonista y le muestra que es realmente la vida y como funciona esta a través de los ojos de un tigre.

Pi es un muchacho con una fuerte crisis espiritual. Esto nos ocurre a todos hoy en día. Yo por ejemplo, sigo sin encontrar mi rumbo y no en el sentido puramente religioso sino espiritual por si mismo. Pi acaba por abrazar las tres religiones que se dan en la India en ese momento sin terminar de decantarse por ninguna. Lo que creo que trata de reflejarnos en la película es que a ese camino hacia Dios, o como diablos se quiera llamar, no es únicamente a través de las diferentes religiones, si no de uno mismo. Yo no es que sea precisamente el futuro Papa, y realmente reniego totalmente de toda religión, pero creo que he captado el mensaje de la película tal y como lo plantea.

Como iba diciendo, Pi acaba yendo en un barco rumbo a América y este acaba naufragando a causa de una fuerte tormenta que acaba con toda vida en el barco, toda vida salvo Pi, una hiena, una orangutan, una cebra con la pata partida y un tigre de bengala. Ahí es nada. Nos encontramos con una pequeña Arca de Noé.

Hasta aquí la película me había parecido interesante, con un ritmo pausado que puede que toque la paciencia de alguno/a, pero que a mi me encantó. Y es que últimamente estoy enamorado de las sutilezas del cine, especialmente en este caso que nos muestra la vida del protagonista sin prisas y haciendo una fuerte retrospectiva a todo su contexto. De todo ello se ocupa el primer acto de la película.

En el segundo acto tenemos todo el grueso del viaje de Pi, un viaje hacia sí mismo que comienza con el citado naufragio y que continuará con un inmenso océano, a veces en calma, otras furioso, que nos permitirá ir observando poco a poco la evolución tanto del humano como del animal. Este tramo de la película es sorprendente ya que está totalmente sostenido por el protagonista y por un animal hecho por ordenador y que a mi, sinceramente, no me lo ha parecido en prácticamente ningún momento. Aquí vemos la irreversible y dura cadena animal de la que el ser humano forma parte y como ambos tienen que sobrevivir, primero cada uno a su manera, hasta que poco a poco van integrándose ambos, sin llegar a ser amigos, pero respetándose unos a otros. Y esto es precisamente uno de los aspectos que mas me han fascinado de la película y que no esperaba; el tigre de bengala y Pi nunca llegan a ser amigos, pero si que se acaban profesando un gran respeto mutuo a través del gran viaje de sus vidas. Especialmente me ha encantado la separación de estos y la forma de verlo de Pi.

Personalmente, lo que más he apreciado en si del visionado ha sido observar y volver a recordar que nosotros también formamos parte de la gran cadena animal y de que somos uno más. Observar al protagonista convertirse en un hombre, sobrevivir gracias a su ingenio con lo poco que tenía y a su fe y valor, junto a un animal al que al principio temes pero que acabas respetando. Eso es lo que realmente más he apreciado. Me ha recordado porque el hombre, desde que es hombre, ha plasmado a los animales en los abrigos rocosos de las cuevas con ese respeto y admiración hacia los que, probablemente, consideraban sus semejantes.

En cuanto a la banda sonora, sin ser lo mejor de la película, cumple y es que supongo que Mychael Danna pretendía hacer una melodía que simplemente acompañase al visionado, sin grandes pretensiones y que cumple muy bien en los momentos cumbre.

La fotografía es lo mejor del año. Colores cálidos o fríos según el momento vital que estuviese atravesando Pi y en los que se veía reflejado su estado de ánimo o sus pensamientos y múltiples reflexiones. Grandísimos encuadres donde, si pausamos muchos de ellos, nos encontraremos con una verdadera obra de arte. Creo, o yo apostaré por ello, que la película ganará el Oscar a mejor fotografía. Al menos, debería. Mención especial a la escena en la que Pi observa como el barco se mueve, inexorablemente, hacia el fondo marino. Escena donde nos damos cuenta de lo pequeños que somos y, como esta, varias más.

Para terminar, es curioso que, pese a ser una historia supuestamente autobiográfica, y esto lo dejaré al gusto del consumidor, el ritmo y la tensión se lleva muy bien. Digo esto porque en las películas donde el protagonista cuenta su vida desde una perspectiva futura, suele pecar de poca emoción ya que sabemos que el protagonista sobrevivirá si o si. Por suerte, al no ser el mensaje que quiere transmitir la película, no sufre grandes altibajos en ese sentido, si bien ya sabemos que con todas las penurias que le ocurre acabará sobreviviendo. No así el tigre, del que no sabemos como acabará.

Una bonita fábula sobre nuestra fuerza interior y como el ser humano es capaz de todo pero sin olvidarnos de que somos uno más en este bonito, pero mortal, planeta.

“Elegir la duda como modo de vida, es como elegir la inmovilidad como medio de transporte”

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