La vida es cambio

«Las especies que sobreviven no son las más fuertes, ni las más rápidas, ni las más inteligentes; sino aquellas que se adaptan mejor al cambio».

Charles Darwin

Calendario del Cosmos

La vida es cambio. Son etapas, periodos, temporadas de una serie. Fardamos de desear que todo cambie, queremos un futuro mejor, pero la realidad es que nos cuesta mucho cambiar de marcha, aunque tengamos la intuición de que lo que viene después pueda ser mejor, o no.

Siempre ha sido así, nos gustan los pequeños cambios, pero somos muy reticentes a grandes cambios, a saltos al vacío, a nuevas situaciones. Si de nosotros dependiese la mayoría viviríamos en una eterna zona de confort, más o menos buena, con, eso sí, pequeñas vacaciones, que siempre sientan bien para volver con más fuerza. De lunes a viernes, sábado y domingo y vuelta a empezar.

La Historia nos enseña que todos los grandes cambios han sido muy difíciles de conseguir, los odiamos, pero nos hacen progresar. Nos costó siglos sobreponernos a la pérdida del Imperio Romano; nos costó otros tantos aprender que el cristianismo no es la única manera de acercarse a la Verdad de la realidad; nos costó sobreponernos a los poderosos linajes hereditarios que controlaban nuestro destino y, que diablos, incluso nos costó asimilar el cambio de Primaria al Instituto.

Pensamos que todo va a seguir igual, que nada cambiará pero, de pronto, un día todo hace ¡crack! y te das cuenta de que mañana será un día completamente diferente a lo vivido hasta ahora; de que ese ser tan especial se ha ido de pronto, sin aviso; de que lo que más atesorabas, se ha roto; de que algo que pensabas que siempre estaría ahí, ya no está. O, por otro lado, eras consciente de que algo cambiaría pero no has querido pensarlo hasta el último día.

Cuando algo cambia o aparece una crisis que tambalea tu vida, el futuro aparece negro, nuboso al menos, con un horizonte muy difuso. La Historia también nos enseña que ni siquiera eso dura eternamente, que después de la noche siempre vuelve a amanecer aunque seamos conscientes de que, tarde o temprano, volverá a anochecer. Todo son etapas, la propia Naturaleza se encarga de recordárnoslo: verano, otoño, invierno y primavera.

Al negamos a aceptar este hecho, la transitoriedad, aparece una enfermedad que afecta a casi todo el mundo: la nostalgia. Incluso en la permanencia sentimos nostalgia, todo pasado fue mejor y todo futuro parece apocalíptico. El futuro da miedo, más si tenemos en cuenta que, pese a todo lo que digan las pitonisas de canales con horarios prohibitivos, no hay manera de saber que va a pasar y menos controlar. Yo, admito, le tengo mucho respeto. El cambio, como las despedidas, son duras, y no tienen porque convertirse necesariamente en algo negativo ni en presa de la melancolía; han de transformarse en aceptación, palabra que nos cuesta más aceptar que entender. Decía Carl Sagan que “la Tierra es el lugar más bello que jamás veremos; pero esa belleza ha sido esculpida por el cambio: el cambio suave, casi imperceptible, y el cambio repentino y violento. En el Cosmos no hay lugar que esté a salvo del cambio” y, recordemos, nosotros formamos parte de ello. La vida es cambiar, aprender y adaptar, no estancar.

Be water my friend.

 

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