De visita

Hoy he tenido que hacer un alto en mi agenda para visitar a un viejo conocido. Pese a que no le avise de antemano él siempre está esperando en el mismo lugar de siempre, llueva o haga sol, haga frío o haga calor. Siempre ahí cuando necesito esos minutos de charla. Ese consejo que te haga volver a irte con un nuevo enfoque de las cosas. Lo admito, desde que hace siete años se trasladó a un nuevo barrio le visito con menos asiduidad, pero siempre sé donde encontrarle.

Como cualquier Marzo que se precie por estos lares, el calor ya empieza a apretar recordándonos que va siendo hora de guardar la manga larga en el armario y sacar esas camisetas de color chillón con tres cuartos de manga menos. Así pues, se me ocurrió que no sería mala idea comprar una buena botella de agua fría para tomarnos un buen refresco entre los dos. Siempre viene bien para refrescar las ideas.

Cuando llegué allí él se encontraba apoyado en su lugar habitual. Al mostrarle la botella de agua me respondió con esa media sonrisa suya que siempre muestra al verme aparecer. La mañana era tranquila. Sentados veíamos a otros que, sin duda, también visitaban a otros allegados, departíamos sobre los viejos tiempos, sobre la vida y, como no, sobre el Athletic.

– Oye abuelo -le pregunté en un momento dado- siempre me he preguntado… ¿por qué eres del Athletic?

– Porque me parece que son un equipo con alma y con principios. Un equipo que lucha con lo que tiene y puede.

– Que irónico…-dije sonriendo.

– ¿Por qué lo dices? -preguntó mirándome extrañado.

– Porque pese a que no me guste el fútbol demasiado, cada vez que veo ganar a tu equipo me entra una extraña alegría mezclada con nostalgia. Me hace recordar que tú has tenido un alma de luchador toda tu vida y has sido siempre fiel a tus principios. Y me hace recordar que siempre has intentado hacer lo mejor para nosotros con lo que tenías y podías.

– Escucha hijo, te voy a dar un consejo muy sencillo -me dijo levantándose y tocándome el hombro-. Te vas a equivocar muchísimas veces a lo largo de tu vida, vas a intentar buscarle el sentido de mil maneras mientras pasas por ella. Unas veces disfrutarás y otras te arrepentirás de cosas que hagas. Pero no olvides lo más esencial.

– ¿Qué es lo más…?

– ¿Importante? Que no olvides que estamos aquí para vivir y experimentar.

– ¿Nada más? -pregunté sorprendido.

– Nada más. Intenta disfrutar del momento y llevate un saco de recuerdos lo más bonitos posible.

Seguimos hablando hasta el atardecer y un poco más allá, así que me despedí con la promesa de que no pasaría tanto tiempo hasta la próxima visita. Ese día disfruté de una conversación que no olvidaría fácilmente. Después de todo -me recordé- el cementerio es uno de los lugares más apacibles que conozco.

 

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