Bullas, domingo 9 de Noviembre.

bullas paisaje casa

Hoy si, mañana no. Hoy eres, mañana eres historia. Hoy es el día más feliz de tu vida, mañana es el infierno más terrible que podías imaginar. Hoy es luz, mañana es oscuridad. Hoy sientes, mañana eres sentido. Hoy caemos, mañana aprendemos a levantarnos.

Hoy era un día histórico políticamente y era inviable pensar que mañana un pueblo del noroeste murciano iba a tomar la otra parte de la portada de los periódicos aunque por razones muy diferentes. Estas no eran las condiciones en las que queríamos salir en la portada de los periódicos regionales y nacionales.

Decía el famoso historiador Fernand Braudel que “los acontecimientos son la espuma sobre el mar de la historia”. En este caso, Bullas, una localidad de tan sólo 12.000 habitantes ha sido salpicada por la ola más terrible e inesperada de su corta historia al descubrir que catorce personas, por ahora, han muerto al estrellarse un autobús que venía desde Madrid cuando tan sólo quedaba media hora para llegar hasta su destino.

Es complicado describir la pesada atmósfera que ahora mismo se vive sobre este pueblo como es complicado ponerse en la piel de personas que ayer vivían un sábado más de sus vidas y hoy han descubierto que sus hermanos/tíos/padres/hijos han muerto después de hablar anoche mismo por teléfono. Es duro, duele y parece una prosa absurda de realidad.

Piensas que estas cosas solo ocurren en los telediarios, muy lejos de ti y tu contexto, pero hasta en el lugar más alejado y en el momento más inesperado la muerte es capaz de llamar y, además, echar la puerta abajo. De mi puerta pasó de largo, no sin dejar un aviso. Mi madre y mi hermana apunto estuvieron de apuntarse a un posible viaje sin retorno y ahora cuesta no preguntarse “que hubiera pasado si…”.

El luto oficial durará tres días, pero la amarga sensación que todos los habitantes sentimos tardará mucho más en irse porque todos nos hemos cruzado un día u otro con alguno de los catorce fallecidos y con varios de sus familiares y con todos se ha ido algo de nosotros. Hoy duele el acontecimiento, mañana la ausencia y lo que vendrá.

A Bullas no le será fácil olvidar que, aunque tengamos planeada nuestra vida desde la hipoteca hasta la jubilación, la incertidumbre seguirá presente día a día conviviendo con nosotros. Al final, solo sabemos que no sabemos nada.

La vida de los muertos perdura en la memoria de los vivos.  Cicerón

bullas

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